Suena música griega mientras tecleo estas palabras. Hoy os llevo conmigo a una de las islas que más me ha enamorado de Grecia: Amorgós. Y es que tuve la suerte de conocerla porque formó parte de mi recorrido por las Cícladas. Una isla mucho más montañosa y abrupta que otras del archipiélago, con carreteras que atraviesan el interior y paisajes que se abren directamente sobre el Egeo.
Durante esta ruta me desplacé entre islas con SeaJets, utilicé una eSIM de Holafly para mantenerme conectada y viajé con seguro de InterMundial. Con el código CARLOTAFARIÑA tienes un 5 % de descuento en Holafly y con CARLOTAFARINA un 10 % en los seguros de InterMundial.
Uno de los grandes imprescindibles de Amorgós es el Monasterio de Panagia Hozoviotissa, construido sobre la pared de un acantilado y prácticamente integrado en la propia roca. Para llegar hay que subir numerosos escalones, así que tómatelo con calma. pero el recorrido y las vistas sobre el mar forman parte de la experiencia. Mi consejo es ir a primerísima hora de la mañana, para hacerlo más tranquilo, con menos gente, y cuando pega menos el sol.
Muy cerca se encuentra Agia Anna, una pequeña cala de aguas intensamente azules y uno de los paisajes más conocidos de la isla. Es una zona que merece la pena combinar con la visita al monasterio para aprovechar el desplazamiento. Un placer, salir del monasterio para ir a darse un buen chapuzón, pasar tiempo disfrutando de esa cala y ese agua tan calentita.
También es imprescindible dedicar tiempo a Chora. Casas encaladas, pequeñas plazas, iglesias y callejuelas forman uno de los núcleos más agradables para recorrer sin un itinerario demasiado cerrado. Y la zona de los molinos, me pareció espectacular.
Durante mi estancia me alojé en Vigla Hotel, situado en Tholaria, en la zona norte de Amorgós , en el pueblo de Aegiali. Su ubicación elevada permite disfrutar del paisaje de esta parte de la isla y proporciona un buen punto de partida para recorrerla.
Uno de los espacios que más aproveché fue su zona de piscina, distribuida en diferentes áreas y con servicio de bar. Es especialmente agradable al regresar después de varias horas recorriendo Amorgós. El hotel cuenta también con restaurante y desayuno, además de un equipo especialmente acogedor durante toda la estancia.
Desde Tholaria es fácil acceder a Aegiali, Legkada y a otros pequeños pueblos del norte de la isla, una zona que ofrece un ambiente diferente al de Chora y permite descubrir una cara más tranquila de Amorgós.
Dónde comer en Amorgós: dos recomendaciones de cocina tradicional
La gastronomía es otra buena razón para descubrir Amorgós. Durante mi estancia encontré dos establecimientos que recomendaría especialmente por su cocina tradicional y por el ambiente de los pequeños pueblos donde se encuentran.
En Tholaria, el mismo pueblo donde me alojé, se encuentra Kali Kardia, uno de los kafenios más tradicionales de la zona. Un establecimiento con muchos años de historia, de esos que conservan la esencia de los antiguos cafés griegos, donde también se puede disfrutar de una excelente cocina casera. Se come de maravilla y, entre sus especialidades, recomiendo especialmente el cordero.
En el sur de la isla, en Arkesini, otra parada gastronómica que merece mucho la pena es Ston Pyrgo, una taberna tradicional donde probar algunas de las recetas más representativas de Amorgos y las Cícladas.
Entre sus especialidades destaca el patatato, uno de los platos típicos de Amorgos, elaborado con cabrito o cordero y patatas que se cocinan lentamente con tomate y especias. Otra de las recomendaciones es la revithada, una receta de garbanzos al horno especialmente vinculada a Sifnos, pero que también forma parte de la gastronomía de otras islas del archipiélago. Tradicionalmente se prepara en recipientes de barro, con una cocción lenta de varias horas que consigue una textura especialmente tierna y cremosa.
Además, no muy lejos de ahí se encuentra el naufragio del Olympia, en la bahía de Liveros, uno de los lugares más curiosos y fotografiados de la isla. Este antiguo buque de carga encalló en 1980 y sus restos permanecen todavía junto a la costa. Desde donde puedes dejar el coche, tienes un camino sencillo a 10 minutos a pie.
El Olympia también está relacionado con el cine y, concretamente, con El gran azul (Le Grand Bleu), la película que Luc Besson estrenó en 1988 y que contribuyó a dar a conocer Amorgós internacionalmente. Protagonizada por Jean-Marc Barr, Jean Reno y Rosanna Arquette, la historia gira alrededor de la apnea y de la fascinación de sus protagonistas por las profundidades marinas. Algunas de sus escenas se rodaron en la isla, especialmente en la zona de Agia Anna, mientras que el naufragio se ha convertido en otro de los escenarios que los viajeros asocian con la película. En el enlace de arriba puedes ver un vídeo que subí a mi cuenta de Instagram, ya que hicimos snorkel alrededor del barco.
Para recorrer la isla recomiendo alquilar vehículo. Sobre el mapa las distancias pueden parecer pequeñas, pero las carreteras, el relieve y los desniveles hacen que los trayectos necesiten algo más de tiempo.
Las cabras también forman parte del paisaje de Amorgós, y es prácticamente imposible recorrer la isla sin cruzarse con alguna. Las verás en las laderas de las montañas, junto a las carreteras o encaramadas a lugares donde parece increíble que puedan mantener el equilibrio.
Me encantaba encontrármelas durante nuestros recorridos, siempre a su aire, completamente ajenas a quienes nos deteníamos a fotografiarlas. Son una muestra más del carácter rural de Amorgós.
Y precisamente ahí está buena parte del encanto de Amorgos. No es una isla que se descubra únicamente a través de sus playas. Son sus montañas, sus pequeños pueblos, las carreteras que parecen no terminar nunca y ese azul del Egeo que aparece cuando menos te lo esperas.
Para mí, Amorgós tiene algo especial, una tranquilidad que invita a bajar el ritmo y disfrutar de las cosas sencillas. Acabas recordando tanto los lugares que visitaste como los momentos que viviste entre uno y otro. Y si algo me quedó claro después de recorrerla, es que merece mucho más que una visita de unos pocos días. Yo, desde luego, me habría quedado un poquito más.













