FOLÉGANDROS, LA BELLEZA DISCRETA DE LAS CÍCLADAS

Chora de Folégandros

{Septiembre 2026. Fotografías realizadas con móvil}

Después de varias semanas recorriendo las Cícladas, llegamos a Folégandros, una de las últimas islas de nuestro viaje por Grecia. A esas alturas ya había visto muchos pueblos de casas blancas, iglesias de cúpulas azules y playas de aguas transparentes, pero todavía quedaban lugares capaces de sorprenderme.

Folégandros fue uno de ellos. Una isla pequeña, de paisaje árido y montañoso, donde las distancias son cortas, aunque no siempre los caminos resultan sencillos. Lo que más me sorprendió fue su Chora, posiblemente una de las más bonitas y cuidadas que he visto en Grecia. Pero también disfruté de sus playas, de una subida con vistas espectaculares al Egeo y de algunas experiencias gastronómicas que no esperaba encontrar en una isla de estas dimensiones.

Durante nuestra estancia descubrimos que Folegandros tiene bastante más que ofrecer de lo que su tamaño podría hacer pensar. Y aunque llegamos después de conocer otras islas muy diferentes entre sí, consiguió hacerse un hueco entre los recuerdos más especiales del viaje.

Chora, una de las localidades más bonitas de las Cícladas

Después de recorrer varias islas griegas, puedo decir que la Chora de Folégandros es una de las más bonitas, blancas y cuidadas que he conocido. Sorprende especialmente la limpieza de sus calles, el buen estado de las fachadas y la atención que se presta a los pequeños detalles.

Chora de Folégandros

El blanco de las casas contrasta con puertas y ventanas de colores, buganvillas, macetas y rincones llenos de vegetación. Todo parece especialmente cuidado, pero sin perder el carácter de un pueblo tradicional griego.

Su trazado es otro de sus grandes atractivos. Las calles estrechas desembocan en pequeñas plazas conectadas entre sí, donde se suceden terrazas, restaurantes y comercios. A diferencia de otras localidades cicládicas más concurridas, aquí resulta fácil pasear tranquilamente, detenerse a fotografiar una fachada o sentarse en alguna de sus plazas.

A última hora de la tarde, cuando disminuye el calor y las terrazas empiezan a llenarse, Chora adquiere un ambiente especialmente agradable. Es uno de esos lugares en los que no hace falta buscar demasiadas cosas que hacer: recorrer sus calles ya es, por sí mismo, uno de los grandes atractivos de la isla.

La subida a la iglesia de la Virgen María de Folegandros

Desde Chora parte uno de los caminos más reconocibles de Folegandros: el que asciende hasta la iglesia de la Virgen María, conocida también como Church of Virgin Mary of Folegandros, situada sobre una colina que domina el pueblo.

La subida se realiza por un sendero empedrado que dibuja varias curvas sobre la ladera. Aunque hay que afrontar cierta pendiente, el recorrido no es especialmente largo y merece la pena hacerlo sin prisas.

Nosotros subimos caminando y buena parte de la experiencia estuvo precisamente en detenernos durante el trayecto. Conforme se gana altura, la perspectiva sobre Chora cambia y las casas blancas comienzan a verse cada vez más pequeñas, rodeadas por el paisaje árido de la isla.

Las vistas son espectaculares. A un lado aparece el pueblo, al otro los acantilados y, al fondo, la inmensidad del mar Egeo. La sucesión de curvas permite descubrir diferentes panorámicas, de manera que el camino resulta casi tan interesante como el destino.

En lo alto se encuentra esta iglesia blanca, uno de los símbolos más reconocibles de Folegandros. Su ubicación privilegiada la convierte también en uno de los lugares más conocidos para contemplar la puesta de sol.

Las playas de Folégandros y sus barcos-taxi

Una de las particularidades de Folegandros es que no todas sus playas cuentan con acceso directo por carretera. La orografía de la isla, con acantilados, pequeñas bahías y zonas costeras de difícil acceso, hace que los barcos-taxi formen parte habitual de los desplazamientos durante el verano.

Estas pequeñas embarcaciones conectan diferentes playas y permiten descubrir calas a las que, de otra manera, habría que llegar caminando por senderos.

Durante nuestra estancia nos alojamos en Agali Bay, una bahía rodeada de montañas áridas y con una playa de aguas transparentes. Desde allí se puede llegar a otras playas cercanas, entre ellas Agios Nikolaos, una de las más conocidas de esta parte de la costa.

Playas de Folégandros

Aunque existe la posibilidad de acceder caminando, nosotros preferimos utilizar el barco-taxi para llegar a Agios Nikolaos. El trayecto es breve y permite contemplar desde el mar el paisaje escarpado de Folegandros, con sus laderas áridas y pequeñas calas.

Agios Nikolaos es una playa de aguas cristalinas, rodeada de un entorno natural que conserva ese carácter tranquilo tan representativo de la isla. Una buena alternativa para pasar unas horas junto al mar y descubrir otro rincón de su costa.

En Folegandros conviene tener en cuenta que los horarios de los barcos dependen de las condiciones del mar y que algunas playas apenas cuentan con servicios. Por eso es recomendable consultar las conexiones antes de salir y llevar agua, especialmente durante los meses más calurosos.

La gastronomía local: matsata, el plato tradicional

Viajar por Grecia también significa descubrir cómo cambia su gastronomía de una isla a otra. En Folegandros, uno de los platos más representativos es la matsata, una pasta tradicional elaborada a mano que suele acompañarse con carne cocinada en salsa.

Su aspecto recuerda al de unos tallarines gruesos e irregulares y es una de las especialidades más características de la cocina local. Tradicionalmente se sirve con gallo, conejo o cabra, aunque también existen otras versiones.

Durante nuestra estancia tuve ocasión de probarla con pollo, una preparación que permite conocer uno de los platos más vinculados a la identidad gastronómica de la isla.

Gastronomía de Folégandros

La cocina de Folégandros mantiene una estrecha relación con los productos de su territorio. También destacan los quesos locales, como el souroto, y elaboraciones tradicionales que siguen formando parte de las cartas de sus pequeñas tabernas.

Catando el vino local

Otra de las experiencias que disfrutamos durante nuestra estancia fue una cata de vinos en la bodega Ktima Paliomilos, presentada como la única bodega de la isla.

Aunque Folégandros no tiene la tradición vinícola internacionalmente conocida de otros destinos griegos, esta visita nos permitió incorporar una perspectiva diferente al recorrido y acercarnos a su pequeña producción de vino.

La experiencia resultó especialmente interesante porque, más allá de las playas y de la arquitectura tradicional, permitió descubrir otra faceta de la isla.

Cata vino Folégandros

En un territorio tan reducido y de condiciones naturales exigentes, conocer un proyecto dedicado al vino aporta una dimensión gastronómica que muchas veces queda fuera de los itinerarios turísticos más habituales.

Para quienes disfrutan incluyendo visitas a bodegas y degustaciones en sus viajes, es una propuesta diferente que merece la pena tener en cuenta.

Dónde alojarse: Blue Sand Boutique Hotel & Suites

Para nuestra estancia elegimos Blue Sand Boutique Hotel & Suites, situado prácticamente sobre la playa de Agali, en una ubicación especialmente atractiva por sus vistas directas al mar Egeo.

Bahía de Agkali

El hotel está construido sobre la ladera que rodea la bahía y mantiene una estética muy vinculada a la arquitectura cicládica, con predominio del blanco, materiales naturales y terrazas abiertas al paisaje.

Nuestra habitación era amplia y contaba con una terraza espaciosa que aprovechamos especialmente durante los días que pasamos allí. Poder contemplar la bahía desde el propio alojamiento es, sin duda, uno de sus puntos fuertes.

El desayuno combina una selección de productos de buffet con opciones preparadas al momento, como huevos, y se sirve en un espacio con vistas al mar.

Hotel Blue Sand Folégandros

También destacaría un detalle que resulta especialmente práctico cuando se viaja por las islas griegas: la posibilidad de utilizar las duchas del hotel después del check-out. Los horarios de los ferris no siempre coinciden con los de salida de los alojamientos, por lo que disponer de este servicio permite aprovechar las últimas horas en la playa antes de embarcar.

Su ubicación resulta cómoda para quienes prefieren alojarse cerca del mar y desplazarse hasta Chora para pasear o cenar. Ambas zonas están separadas por apenas unos kilómetros.

Una isla que merece algo más que una visita rápida

Folégandros demuestra que no hace falta una isla de grandes dimensiones para encontrar experiencias variadas. En pocos días se pueden combinar paseos por uno de los pueblos más bonitos de las Cícladas, caminatas con vistas al Egeo, playas accesibles por senderos o embarcaciones y propuestas gastronómicas vinculadas a la tradición local.

De todas las imágenes que me llevo de la isla, probablemente las más especiales sean las de Chora, con sus fachadas impecables, sus plazas llenas de color y ese camino que asciende hasta la iglesia de la Virgen María dejando el pueblo cada vez más abajo.

Folégandros no necesita grandes artificios para resultar atractiva. Su belleza está en la sencillez de sus pueblos, en el contraste entre el paisaje árido y el mar y en esos pequeños detalles que acaban convirtiéndose en algunos de los mejores recuerdos del viaje.

 


Información práctica del viaje

Los desplazamientos entre distintas islas de las Cícladas incluyeron trayectos de cortesía con SeaJets. Durante el recorrido utilicé Holafly para disponer de conexión móvil e InterMundial como seguro de viaje.

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